No hay dinero ni para piedras

Publicado por: Fermín Castillo On 08 agosto 2012 0 comentarios

Los recortes impuestos por la crisis amenazan la conservación de monumentos. La noticia de que el Coliseo se ha inclinado 40 centímetros enciende las alarmas.

La crisis del euro no es la guerra del Peloponeso, pero con sus civilizadas huestes (ya sean hombres de negro o visionarios de blanco) amenaza el mundo tal y como fue. Puede que Europa se salve, pero no será la misma. Ni sus ciudadanos, ni su patrimonio. Cuando no hay dinero para pensiones, resulta frívolo reivindicarlo para las piedras. Pero las piedras de Grecia también merecen un respeto: sobre ellas enraizó un sistema político de aspiración universal llamado democracia, sobre ellas se irguió cierta idea de Europa.

También ellas, las piedras, están amenazadas. Curiosamente las cunas de la historia y el arte occidentales son hoy países maltrechos y semihundidos por esa sucesión de crisis-recortes-crisis. Entre Grecia, Italia, España y Portugal suman 122 lugares declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco (el 13% del total). Gloriosos pasados de ¿torcidos futuros como el del Coliseo romano? El anfiteatro de Vespasiano pierde piedras y, en su vertiente sur, se ha inclinado 40 centímetros para espanto de los italianos y por causas como el exceso de tráfico. Tan exangües están los bolsillos públicos que será Diego Della Valle, empresario de zapatos, quien —a cambio de nada, que se sepa— ponga 25 millones para restaurar el gran anfiteatro inaugurado por el emperador Tito con 100 días de fiesta. También los achaques de la bella Venecia acuden al médico privado: Bvlgari forró el Puente de los Suspiros con sus anuncios para ayudar a su rehabilitación.

Italia es el país con más lugares protegidos por la Unesco (tiene 47) y un ejemplo feroz de que la historia no siempre camina hacia delante. Los 2.300 millones de euros del presupuesto de Cultura en 2001 han menguado hasta 1.400 millones (2012).

Porque se derrumban hitos como Pompeya y otros menos afamados. Gian Antonio Stella y Sergio Rizzo, periodistas del Corriere della Sera, proporcionan numerosos ejemplos del crepúsculo del arte en el país en su Vandali, el ataque a las bellezas de Italia. “Las únicas riquezas que tenemos —el paisaje, los museos, los pueblos medievales— están sufriendo una agresión, justo el sector que podría ser el tesoro del país en este momento de crisis”, se amarga Stella. “Cualquier Gobierno sano pensaría en invertir en ello. Pero no”. Europa se rompe por las costuras clásicas de las que emergió. Alemania, tan entusiasta de griegos y latinos en el siglo XIX, mira ahora hacia Grecia como al pie gangrenado que conviene amputar. Los recortes que exige adelgazan monederos privados y públicos. Hasta junio pasado, el presupuesto del Ministerio de Cultura griego había sufrido una rebaja del 35% y, para 2013 y 2014, se prevén otras adicionales. Menos medios para proteger y custodiar.

Tal vez sea más fácil que se repita lo sucedido el pasado 5 de marzo en el museo de Olimpia, donde un robo a mano armada hizo patente lo obvio: recortar en personal y recursos pasa factura. Los ladrones —todo apunta a bandas especializadas que trabajan por encargo de coleccionistas privados— aprovecharon un lapso en el relevo de los vigilantes, en un edificio aislado y rodeado de una espesa arboleda, para sustraer piezas de bronce y cerámicas. En enero ya fueron robados un picasso y un mondrian de la Galería Nacional de Atenas, custodiada por un solo guarda.

“Los monumentos no tienen voz, solo nos tienen a nosotros”, alertan los arqueólogos griegos para prevenir contra el abandono de su gigantesco patrimonio: 17 lugares en la lista de la Unesco, 210 museos y colecciones de antigüedades, 250 recintos arqueológicos y más 19.000 monumentos históricos declarados.

¿Y qué pasa en España, gloria del pasado de tambaleante futuro? En el segundo país más protegido por la Unesco, con 44 lugares, ocurre algo paradójico: se conservará peor pero se destrozará menos. Víctor Fernández Salinas, profesor de Geografía Humana de la Universidad de Sevilla y secretario del comité español de ICOMOS, organismo internacional no gubernamental que asesora a la Unesco, hace hincapié en el efecto benéfico de la crisis. Se acabó la fiesta de la especulación, y con ella, las principales amenazas al patrimonio español. “Los mayores daños venían de proyectos urbanísticos como campos de golf o rascacielos debidos a la especulación”, esgrime.

Si solo se mira hacia los iconos históricos (Alhambra o catedrales) no parece que España se derrumbe (robos como el del Códice Calixtino son imputables a la relajación de la Iglesia a la hora de custodiar su patrimonio). Más allá, el balance varía. “Se ha hecho más por preservar el patrimonio que tiene reconocimiento, pero la conservación del inmaterial, del industrial o del paisaje es un desastre. Incluso en momentos buenos hay muchos casos mal atendidos como puede ser el patrimonio prerrománico de Asturias”, plantea Fernández.

Los torniquetes aprietan hasta la asfixia en el Sur, pero hay otros modelos. Francia, que tampoco está para echar cohetes, ha dado un limitado tijeretazo en las partidas para conservación de patrimonio. En 2012 se contemplan 380,7 millones de euros, un 0,2% más que en el ejercicio anterior. De nuevo, la excepción francesa. Al margen de la inclinación del Big Ben de 43 centímetros, el English Heritage, el ente gubernamental encargado del cuidado del patrimonio en Reino Unido, señala 3.168 monumentos en peligro. Algunos requieren “inversiones significativas”.

En esta Europa de varias velocidades, Alemania va por libre también en cultura. La crisis no ha hecho mella en los presupuestos culturales que, según la Oficina Federal de Estadística Destatis, no han dejado de aumentar desde 2008. Hay más 6.000 museos subvencionados, 150 teatros y 130 orquestas, además de 84 óperas (en 81 localidades). El democristiano Bernd Naumann (CDU), comisionado de Cultura y Medios en el segundo Ejecutivo de Merkel, dijo en mayo lo impensable en otros lares: “En estos tiempos de desorientación sería un atrevimiento recortar los presupuestos culturales”. En Alemania “hay más gente en los museos que en los campos de fútbol”.
 

-FUENTE:  Tereixa Constenla y Lucia Magi | Madrid-Roma | elPaís.com.

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