El carbono 14 sacude los cimientos de la historia

Publicado por: Fermín Castillo On 06 octubre 2013 0 comentarios

ABC se adentra en la Unidad de Acelerador de Radiocarbono de Oxford, el laboratorio que ha datado la civilización de Egipto o la cueva del Sidrón.

¿Cuándo llegaron los Homo Sapiens a la Península Ibérica? ¿En qué año comenzó el periodo predinástico del Egipto faraónico? ¿Dónde se hallan las pinturas rupestres más antiguas de Europa? Hasta hace unos años el hombre creía conocer con precisión los entresijos de nuestros antepasados más lejanos, sobre los que se ha cimentado la civilización moderna tal y como la conocemos hoy. Sin embargo, parece que muchos de esos datos no resultan tan fiables como pensábamos. La poderosísima evolución de la ciencia y, en concreto, el desarrollo de la fascinante técnica de datación por carbono 14 amenazan con hacer tambalear los pilares de la humanidad y reescribir la historia.

El gran yacimiento de restos humanos neandertales de la cueva del Sidrón, en Asturias, atesora numerosos vestigios para esclarecer cuándo se produjo la transición de neandertales a sapiens en Europa. Las mediciones de antigüedad realizadas hace años nunca resultaron demasiado exactas abocando a los paleontólogos a conclusiones erróneas. La prueba del carbono 14, emprendida recientemente por investigadores de la Universidad de Oviedo en la Unidad de Acelerador de Radiocarbono de Oxford (ORAU) situó a los neandertales de El Sidrón hace 49.000 años, mientras que las dataciones anteriores le otorgaron una irrisoria antigüedad de 10.000.

Para conocer en qué consiste exactamente está compleja técnica, ABC se ha adentrado en el laboratorio de Oxford, uno de los más avanzados del mundo. Este centro recibe casi a diario muestras para ser datadas. El proceso cuesta unas 300 libras por partícula y normalmente se entregan los resultados tres meses después, dada la alta demanda de pedidos, exceptuando dataciones de gran repercusión como cuevas destacadas o investigaciones de Egipto que se entregan en un plazo de dos semanas.

En todos los seres vivos

El proceso se fundamenta en que todos los seres vivos presentan una pequeña cantidad de carbono 14, un isótopo radioactivo que se produce continuamente en la atmósfera superior. «Las plantas lo respiran durante la fotosíntesis, lo traspasan a los mamíferos herbívoros y finalmente es absorbido por el ser humano. Mientras el organismo está vivo, en contacto con la atmósfera, la cantidad de C14 permanece constante, ya que se repone. Ahora bien, al morir la absorción del carbono 14 se paraliza y con el paso del tiempo va disminuyendo», explica el reputado investigador Michael Dee, del laboratorio de investigaciones arqueológicas de Oxford, con un inconfundible acento neozelandés. 

La cantidad de C14 restante en un mechón de pelo o trozo de tela revelará a en qué año vivió esa persona o ese resto asociado a una determinado civilización. Este sistema sólo garantiza resultados fiables para aquellas muestras anteriores a los 50.000 años, ya que a partir de este momento los restos de carbono 14 son tan ínfimos que resulta imposible su análisis. 

El factor determinante reside en tomar una muestra en el yacimiento o cueva que no esté contaminada por restos orgánicos de otras de plantas, raíces u otras sustancias que pueden desvirtuar los resultados. «A menudo nos envían muestras desde museos que tras un largo periodo de exhibición están alteradas con pegamento, pintura u otras partículas. Por ello es fundamental examinar la muestra, filtrarla y tratarla químicamente para deshacerse de los contaminantes», puntualiza Dee.

Problema en El Sidrón

Éste es precisamente el problema que se encontró en El Sidrón. «La anterior medida de 10.000 años para este episodio se debió a un problema de contaminación. Si la muestra se contamina por carbono moderno, u otras sustancias, podría parecer más joven de lo que realmente es», explica Marco de la Rasilla, profesor de Prehistoria de la Universidad de Oviedo y coordinador de las excavaciones. 

La muestra, una vez tratada adecuadamente, se quema en una cámara de combustión con objeto de que la materia orgánica se transforme en dióxido de carbono y a partir de ahí obtener el carbono puro. El siguiente paso será introducir el material resultante en un acelerador de partículas, que se encuentra en una sala independiente del laboratorio principal, donde mediante unos potentes imanes, se separará el carbono 14, el más pesado, del carbono 12 y 13. A partir de este momento, una simple operación de cálculo determinará hace cuántos años ese material dejó de absorber C14.

Sometiendo hasta 200 muestras orgánicas como mechones de pelo, huesos o fibras de tela a este arduo proceso, el profesor Dee reescribió la cronología de los faraones de Egipto. La civilización egipcia tardó sólo 600 años en asentarse en torno a las riberas del Nilo (mucho menos de lo que se pensaba) y el rey Aha accedió al trono entre el 3111 y el 3045 antes de nuestra era, hasta 500 años más tarde de lo estimado. 

Ciencia y religión

Aunque Ciencia y Religión caminan por diferentes senderos, la datación del carbono 14 de la Sábana Santa de Turín, las cruzó, eso sí, protagonizando una de las mayores controversias de la historia. Tras un enconado debate, en 1986, el arzobispo de Turín consultó al Vaticano y seleccionó a tres laboratorios de carbono, entre ellos el de Oxford, para dilucidar a qué época correspondía. Las muestras se obtuvieron bajo la supervisión del British Museum y se cortó del sudario un único pedazo de tela que se dividió en tres muestras de unos 50 miligramos cada una. Las investigaciones concluyeron que la sábana se tejió entre 1262 y 1384, negando por tanto su autenticidad como sudario de Jesús. Los resultados nunca fueron aceptados por ciertos colectivos, pero como afirmó, el director del equipo de datación por carbono-14 de la Universidad de Oxford, Robert Hedges, «si se acepta un resultado científico, debe admitirse que conlleva ciertos grados de probabilidad. Si se exige una certidumbre absoluta, hay que recurrir a la fe».

En busca del bisonte más antiguo

La batalla por alzarse con el título de bisonte más antiguo de Europa no ha hecho más que comenzar. La cueva de Altxerri, en Aia (Guipuzcoa), alberga una de las pinturas más grandes del paleolítico, un imponente animal de ocre rojo, en un lienzo de roca de cuatro metros de alto y dos de largo. El panel situado en la galería superior de la gruta ha sido sometido a la prueba del Carbono 14 por dos expertos del Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria que han llegado a la conclusión de que es el más antiguo de todo el arte Paleolítico rupestre de Europa, situándolo hace 39.000 años. Esta fecha entra directamente en disputa con la datación el año pasado de algunas pinturas de las cuevas cántabras de El Castillo que esconde varios trazos de 36.000 años de antigüedad y Altamira, donde se halló un disco rojo de al menos 41.000 años. La pintura en sí resulta prácticamente imposible de datar directamente pues, al contrario que en otros casos, no hay restos orgánicos sobre ella que permitan indicar cuál es la cantidad de carbono 14 restante. Por ello, en Altxerri la datación se aplicó sobre unos huesos hallados bajo el panel, juntos a los cuales se encontró materia orgánica quemada y restos de pintura roja. Ahora, el determinar cuáles son las más antiguas de Europa resulta complicado y el arqueólogo que lideró las investigaciones, Aitor Ruiz, prefiere no adentrarse en el enconado ranking, «nos puede parecer mucho hablar de mil años, pero al hablar de estas fechas es una nimiedad». 


-FUENTE: Ana Mellado | Londres | ABC.es


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